Page 741 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 741

macedonios, morían?


                  —¿Quién se queda? —preguntó Pérdicas, mirando

            fijamente a Crátero—. ¿Vamos a echarlo a suertes?



                  —No hay suertes que valgan. Me quedo yo.


                  —¿Por qué?


                  —Porque Alejandro me puso a mí al mando de esta

            embajada,  Pérdicas  —dijo  Crátero,  enseñando  sus

            grandes dientes en una fiera sonrisa—. Siento quitarte


            la gloria, amigo. Pero la antigüedad es un grado.


                  —Por esa misma razón debería quedarme yo.


                  —No vamos a perder más tiempo, Pérdicas. Tú te


            los llevarás a Posidonia. ¿Entendido?


                  Pérdicas agachó la cabeza.


                  —Como  tú  quieras.  Siempre  te  has  salido  con  la

            tuya.


                  Bajaron            la      ladera           corriendo.             Los         demás


            Compañeros ya habían vuelto a montar y rodeaban a

            Clea,  que  estaba  aguantando  aquella  frenética

            cabalgata como una auténtica amazona. Crátero subió


            a lomos de su caballo y dijo:


                  —¡Necesito diez voluntarios para una tarea penosa

            y difícil!


                  Todas  las  manos  se  levantaron  a  la  vez.  Sin


            complicarse,  el  general  eligió  a  los  diez  primeros



                                                              741
   736   737   738   739   740   741   742   743   744   745   746