Page 739 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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con  cortesía,  pero  sus  respuestas  se  agotaban

            enseguida,  y  nunca  buscaba  una  conversación  por


            propia iniciativa, ni siquiera con Néstor.


                  Cada  vez  que  se  bajaba  del  caballo  en  los  breves

            descansos que les daban a las monturas, el cuerpo de


            Néstor sólo le pedía tirarse en el suelo y cerrar los ojos.

            Sin  embargo,  hacía  un  esfuerzo  y  aprovechaba  las

            paradas  para  buscar  a  su  alrededor  todo  tipo  de


            plantas.  Mirmidón  le  resultó  una  gran  ayuda,  pues

            conocía  hierbas  en  las  que  Néstor  ni  siquiera  habría

            reparado.


                  —Tuve un gran maestro —le explicó—. Era el mejor


            cazador del bosque, y también sabía dónde encontrar

            cada  planta  medicinal,  en  qué  estación  era  mejor


            recogerla y bajo qué luna.


                  Lo de la luna no le resultaba a Néstor demasiado

            científico, pero agradeció la ayuda de Mirmidón y fue


            recopilando una colección que esperaba le fuese útil.

            Por  suerte,  había  recuperado  también  su  cofre,  en  el

            que guardaba extractos secos de plantas conseguidas


            en lugares tan lejanos como Taprobán o las cumbres del

            Paropamiso.  Si  el  mal  de  Alejandro  era  el  que

            sospechaba, no tenía una cura para él. Sin embargo, tal


            vez podría preparar alguna mixtura que se lo hiciera

            más llevadero y aliviara sus síntomas.


                  Pero  antes  tendrían  que  llegar  vivos  a  Posidonia,


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