Page 740 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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pensó ahora, mientras veía cómo aquella masa de
jinetes se acercaba hacia el Másico cabalgando por la
larga playa.
—No podemos vencerles. Son demasiados —dijo
Pérdicas.
—Sí, eso es evidente. ¿Qué hacemos entonces? —
insistió Crátero, volviéndose hacia su compañero.
—Tal vez, si cargamos contra ellos en vez de huir,
logremos desconcertarlos y ponerlos en fuga. No es la
primera vez que pasa algo así.
—No son bárbaros escitas, acostumbrados a
disparar sus flechas y retirarse. Ésos son romanos. Te
aseguro que no huirán.
—¿Qué propones?
—Está muy claro —dijo Crátero—. Uno de nosotros
dos debe plantarles cara. Aunque no los pongamos en
fuga, al menos les haremos perder tiempo suficiente
para que el otro consiga algo de ventaja y ponga a salvo
a Néstor y Agatoclea.
Néstor comprendió que la opción de que ambos
generales se retiraran dejando allí un destacamento al
mando de un subordinado era impensable. ¿Con qué
cara se presentarían luego ante los familiares de los
Compañeros y les dirían que ellos, Crátero y Pérdicas,
se habían salvado mientras sus hombres, nobles
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