Page 738 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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que alguien tan peligroso se acerque a Alejandro —dijo

            Crátero.


                  Mirmidón sólo les había dicho que tenía un asunto


            importante  que  tratar  con  el  rey,  pero  se  negaba  a

            explicar en qué consistía.


                  —Ha salvado a su médico y a su esposa —intervino


            Pérdicas—. No creo que quiera hacerle daño.


                  —Habrá  que  registrarle  hasta  las  caries  —dijo

            Crátero, volviendo la mirada hacia Mirmidón. Éste se

            había sentado en el suelo, con la espalda recostada en


            un  árbol  mientras  comía  un  poco  de  cecina—.  ¿De

            dónde crees que es, Néstor?


                  —Desde luego, no de esta región. La conoce bien y


            habla latín, pero se expresa mejor en griego.


                  —Cierto, pero aún así tiene un acento extraño.


                  Los  demás  macedonios  miraban  a  Mirmidón  con

            una  mezcla  de  desconfianza,  curiosidad  y,  cuando


            corrió el rumor de que había liberado a Néstor y Clea

            sin más armas que su espada, también de admiración.

            Aunque  vestía  una  simple  túnica  ceñida  con  un


            cinturón de cuero raído, iba descalzo y no llevaba joyas,

            anillos ni colgantes, su porte era el de un noble que no


            está  acostumbrado  a  doblar  la  rodilla  ante  nadie.

            Algunos de los Compañeros se acercaban a hablar con

            él o le ofrecían vino o comida; él contestaba y aceptaba




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