Page 749 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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senador o tribuno de la plebe hablando. Bajo las proas
de las naves conquistadas a los latinos de Ancio veinte
años atrás, alguien había clavado un pincho de hierro
y en él había ensartado una cabeza barbuda. Debajo de
ella, un cartel de madera rezaba: «CRATERVS
ALECSANDRI DVCS». Los curiosos, mujeres, esclavos
y hombres que por su edad no estaban ya en edad de
servir con las legiones, se arremolinaron alrededor, y
los que sabían leer informaron a los demás de quién era
la cabeza allí colgada. Al correr la voz, el rumor se
deformó y algunos dijeron que se trataba de la testa del
propio Alejandro. Eso significaba que Roma había
ganado la guerra casi antes de empezar, pues no había
pasado ni un día desde que despidieran en la Vía Junia
a las siete legiones que partían hacia el sur para
reunirse en Ardea con las seis que aportaban los
aliados.
Algunos habían empezado a acercarse a la cabeza y
a arrojarle salivazos cuando una mujer muy hermosa y
elegante, con la cabeza cubierta, se abrió paso entre la
gente, ayudada por dos fornidos esclavos. «Es Julia —
dijeron algunos—, la hermana de Gayo Julio», y se
preguntaron qué pretendía hacer.
Las moscas ya empezaban a zumbar alrededor de la
cabeza. Julia las aventó con la mano y, sin descomponer
el gesto, arrancó la cabeza del pincho, se volvió y se la
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