Page 750 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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enseñó a los curiosos.


                  —Este hombre, Crátero el macedonio, fue huésped

            en mi casa —dijo—. No permitiré que se trate con tal


            escarnio a quien compartió el pan y el vino en el hogar

            de  Gneo  Cornelio  Escipión,  pretor  de  Roma.  Ese


            sacrilegio no es digno de los romanos.


                  Uno de los esclavos tendió un saco de piel a Julia,

            que guardó dentro la cabeza y lo cerró. Hubo un par de

            rufianes,  clientes  del  dictador,  que  la  insultaron  y


            dijeron que una mujer no tenía porqué meterse en esas

            cosas,  pero  los  demás  los  acallaron  a  siseos  y

            empujones. De pronto, las palabras de aquella hermosa


            mujer les habían avergonzado, como si la propia Juno

            hubiera  bajado  de  su  templo  en  el  Capitolio  para


            reñirles  por  su  conducta.  Y  cuando  pasó  entre  ellos

            llevando la cabeza de Crátero bajo el brazo, todos se

            apartaron ante ella como las aguas del mar cortadas


            por la proa broncínea de un barco.






























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