Page 751 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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DUELO EN LA FAMILIA


                  En  la  sala  de  reuniones  de  la  gran  tienda,  los

            generales  aguardaban  y  cuchicheaban  como  en  un


            velatorio.  Hasta  Meleagro  parecía  confuso,  sin  saber

            qué decir. De pronto los que criticaban a Alejandro se


            daban  cuenta  de  que,  si  lo  perdían,  no  sabrían  qué

            hacer  sin  él,  perdidos  en  un  país  extraño.  No  era  la

            primera vez que el rey se hallaba en grave peligro: la


            hidrocución por bañarse sudando en las aguas heladas

            del  Cidno,  la  herida  de  flecha  en  la  ciudad  de  los

            mallos, el envenenamiento en Babilonia. Pero nunca le


            había ocurrido en vísperas de una gran batalla.


                  —Tenemos que hacer algo —decía Alcetas—. Si no

            se recobra...


                  —Si  no  se  recobra,  ¿qué?  —preguntó  su  cuñado


            Átalo—. Termina lo que has dicho. —Pérdicas dice que

            los romanos ya están listos para movilizar a su ejército.


                  —Por lo que sabemos de ellos, en sólo cinco días


            podrían  estar  en  Campania  —comentó  Glaucias  en

            tono cauto.


                  —¡No  se  trata  de  Campania!  —dijo  Alcetas—.  Si

            seguimos  aquí  parados  esperando  a  que  se  recupere


            o..., bueno, o no se recupere, entonces los romanos no

            se detendrán en Campania. Vendrán hasta aquí y...


                  —¿Es que somos niños que no saben ir de la mano




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