Page 754 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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nube de polvo ya estaba otra vez tras ellos. Cabalgaron
de nuevo, hasta reventar a tres caballos. Implacable,
Pérdicas había dejado atrás a sus jinetes y había
seguido adelante. A mediodía, cuando ya se divisaban
las murallas de Neápolis y el Vesubio dominaba todo
el paisaje, la caballería romana se hallaba tan cerca que
podían oír sus gritos y los relinchos de sus corceles.
En ese momento apareció otra tropa montada que
venía desde el sur. Era más numerosa que la de sus
perseguidores, pero entre la polvareda no podían
distinguir si eran campamos o más romanos, y si
venían en su ayuda o para cerrarles el paso. Entonces
sonó el peán y vieron ondear el estandarte de
Hefestión, y supieron que quienes venían eran los
Compañeros. Al pronto Néstor pensó que la invasión
de Campania se había adelantado, pero cuando los
romanos pusieron pies en polvorosa por fin y la exigua
partida de fugitivos se reunió con la caballería
macedonia, se enteraron de que Lisanias había partido
el día antes desde Posidonia con doscientos
Compañeros y otros tantos tesalios tan sólo para
buscarlos.
Aquello no había supuesto ningún descanso para
Néstor. Al saber que Alejandro se hallaba postrado en
la cama y Cleopatra también estaba enferma, Pérdicas
se apresuró a elegir los treinta caballos más rápidos, y
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