Page 753 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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juntos. He visto...
—¡Vaya, vaya! —Alcetas, que estaba de pie, se
colocó detrás de Eumenes, le apretó los hombros y
luego le agarró las orejas en un gesto cariñoso que al
secretario no le hizo ninguna gracia—.
Nuestro escribano también quiere jugar a la guerra.
—¿Podríais vocear un poco menos?
Todos se volvieron hacia la cortina que daba hacia
la parte de la tienda reservada a Alejandro.
Allí se erguía el corpachón de Peucestas, que los
miraba con gesto severo.
—Parecéis hijos codiciosos repartiéndoos su
herencia. Pero no hay herencia que repartir. —¿Qué
quieres decir? —preguntó Alcetas.
—Alejandro se está recuperando.
—Gracias a Apolo —suspiró Glaucias.
Fuese por Apolo o por las dotes curativas de Néstor,
Alejandro había recobrado la vista. —Te veo, Néstor —
dijo con una sonrisa—. Distingo tu rostro. Y tienes mala
cara. —Agradécele a Lisanias que puedas verme —
respondió el médico.
El sacrificio de Crátero en el monte Másico les había
dado algún tiempo. Durante aquella noche habían
descansado unas horas, pero a la mañana siguiente la
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