Page 756 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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una medicación peligrosa, pero, al igual que el padzar,
sirven para que ese mal se reduzca de tamaño. Por eso
has recuperado la visión. ¿Sigues sintiendo dolor de
cabeza?
—Ahora no —dijo Alejandro, incorporándose en la
cama. Néstor reparó en cómo vibraban las fibras de los
músculos de sus hombros. El rey había adelgazado.
—Voy a ponerte una dieta muy estricta para
apuntalar el efecto de estas medicinas. Quiero congelar
ese mal y evitar que se siga alimentando de la sangre
que fluye dentro de tu cerebro. —¿No voy a poder
comer carne? —preguntó Alejandro, de buen humor—
. Está bien; si tú lo mandas, me convertiré en pitagórico.
Néstor se acordó de Aristóteles, y del papiro que
llevaba para Alejandro. Pero pensó que aún no era
momento de entregárselo.
—Todo lo contrario. A partir de ahora no probarás
el pan ni ningún otro cereal, y de fruta comerás como
mucho una manzana al día. Adiós a las legumbres. A
cambio, carne roja en abundancia: lomo de ternera,
pata de cerdo. Debe tener mucha grasa, y has de
comértela toda. —Será una dieta digna de Zeus —dijo
Alejandro, refiriéndose al lote de huesos envueltos en
grasa con que Prometeo había engañado al rey de los
dioses.
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