Page 762 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 762
¡y ese pelo de zanahoria! Aunque dicen que la
zanahoria es afrodisíaca. Tal vez sea ésa la razón.
—Tus insinuaciones no...
—Yo no insinúo nada, médico. Yo sé. —Roxana
levantó la barbilla para mirarle a la cara. Era la primera
vez que Néstor veía sus ojos tan de cerca. Enormes,
negros, líquidos. Se dio cuenta entonces de que eran
como dos pozos del mal, un mal que él no alcanzaba a
comprender, tan dañino que era capaz de destruirse a
sí mismo y más oscuro que las tinieblas del Tuliano.
—¿Adónde quieres ir a parar?
—Es sencillo. Tú lo tienes muy fácil. Me han dicho
que has puesto una dieta muy peculiar a Alejandro y
que le estás administrando algunos remedios exóticos.
¿Me sigues?
—Creo que no quiero seguirte, señora. —Néstor se
dio la vuelta e hizo ademán de marcharse.
—¡Quieto ahí! —restalló ella.
Néstor se quedó clavado en el sitio. Lentamente,
como si tirara de él una fuerza invisible más poderosa
que la piedra de Magnesia, se giró hacia Roxana. La
bactria volvió a acercarse y le puso la mano en la nuca
para obligarle a agachar el cuello. Ya no sonreía. Su
aliento le cosquilleó en la oreja cuando susurró:
—Quiero que muera. He querido que muera desde
762

