Page 766 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 766
manos de la cara.
—¿Es que no te bastó con asesinar a Amitis? —
masculló—. Has matado a mi esposa. A la hermana del
rey. A la hija de Filipo.
Roxana debió comprender que estaba en peligro y
abrió la boca para gritar. Pérdicas se la tapó con una
mano, la hizo girar y le rodeó el cuello con la otra.
Aunque había entrado en la tienda sin tener una idea
clara de lo que iba a hacer, al notar las palpitaciones de
la mujer bajo sus dedos lo supo.
—Esa pócima que le diste, ¿creías que no me iba a
enterar? Pérdicas soltó un poco la mano que la
amordazaba, pero siguió apretándole el gaznate para
sofocarle la voz.
—No era un veneno —jadeó ella—. Era una poción
inofensiva, lo juro...
—Sí, júramelo, Roxana. ¿Por quién me lo vas a
jurar?
—Por lo más sagrado, Pérdicas. Yo no he sido. Te lo
juro por Ahura Mazda...
Pérdicas le dio la vuelta. Quería verle los ojos.
—Tu palabra no me sirve, Roxana. Para ti no hay
nada sagrado.
Ella quiso hablar, pero él volvió a apretar, ahora con
766

