Page 761 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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su embrujo. Tal vez porque ella no le había dedicado

            ninguna  de  esas  miradas  ni  sonrisas  con  las  que


            encandilaba a todos los demás.


                  —No quería ofenderte, médico. Conozco bien quién

            es  su  amante.  Lisanias  ha  hecho  lo  mismo  que


            procuraba  hacer  Hefestión,  mantenerlo  apartado  de

            mí. ¿Sabes que ese jovenzuelo dio orden a los guardias

            y a los pajes de que no me dejaran acercarme a la cama


            ni tocarlo? ¿Es que hay alguien mejor para cuidar a un

            hombre que su esposa?


                  —Eso depende, señora.


                  —Dejemos eso ahora. El caso, Néstor, es que sé que


            tienes amante dentro de la familia real. Pero no se trata

            de Alejandro.


                  Ahora  sí  que  Roxana  le  dedicó  una  sonrisa.  Pero


            poco tenía de encantadora; a Néstor le dio la impresión

            de que destilaba ponzoña por las comisuras de la boca.

            Pérdicas,  pensó.  ¿Cuándo  había  tenido  tiempo  de


            hablar Pérdicas con Roxana?


                  —No entiendo qué quieres decir, señora —dijo con

            menos convicción de la que le habría gustado fingir.

            Tendría que ensayar mejor para futuras negaciones.



                  —Hoy ha llegado la siracusana. Es muy poca cosa

            para un hombre de tu talla. —Roxana se levantó y se

            acercó con paso cimbreante—. Más huesos que carne,




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