Page 758 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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a completar. Me temo que no puedo hacer nada. —¿Ni
siquiera tú?
—No siempre se pueden arreglar las cosas,
Alejandro.
La casa estaba preñada de silencios y susurros. Las
esclavas habían sacado a los niños al jardín para que
jugaran, pero Neo se había escapado de sus hermanas
para volver a entrar por la puerta de las cocinas.
Aunque no fuese tan listo como Ego, tampoco era
tonto, y sabía de sobra que pasaba algo grave. Su
padrastro había llegado el día anterior, pero apenas
había pasado a darles un beso, y desde entonces no
había salido del dormitorio de su madre, que estaba
cerrado. Incluso había venido un hombre muy alto y
rubio que a Neo le resultaba familiar, y los sirvientes
habían susurrado: «Es el médico de Alejandro».
Ahora la puerta de la habitación estaba entornada.
Neo la empujó y pasó al interior de puntillas. En los
rincones había varias criadas, las más viejas sentadas y
las jóvenes de pie. De vez en cuando a alguna se le
escapaba un sollozo, pero las demás parecían muebles.
Pérdicas estaba sentado en el borde de la cama y tenía
cogidas las manos de su madre. Neo avanzó poco a
poco. De pronto se percató de que todo eso lo había
vivido ya. Cada paso que daba era más lento que el
anterior, como si una araña gigante hubiese tendido en
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