Page 765 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Pérdicas la agarró por los hombros y la apartó de él.
—¿Te has acostado con mi sobrino?
De pronto comprendía ciertas reacciones de
Gavanes. «Me parece un castigo indulgente para
alguien que ha metido su pan en el horno del rey», le
había dicho el propio Pérdicas, y él había agachado la
cabeza, ruborizado. Al parecer, últimamente había
muchos panaderos trabajando en los hornos de
Alejandro.
—¿Estás celoso? —preguntó ella, divertida.
—Decepcionado. Con él. Y también contigo. —
Pérdicas dio un paso hacia delante, y ella debió captar
algo en su cara, porque retrocedió y la sonrisa se borró
de su rostro.
—No te entiendo.
—¿Qué le has hecho a mi esposa?
—¡Nada! ¿Por qué me dices eso?
—Acaba de morir.
Roxana puso tal gesto de horror que, de no haber
sabido que era una actriz consumada, Pérdicas habría
creído en su inocencia.
—¡Yo no...! Te juro que... ¿Cuándo ha sido? ¡Oh,
Pérdicas, lo siento mucho! —exclamó, tapándose la
boca. Pérdicas le agarró las muñecas y le apartó las
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