Page 764 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 764

cabeza existía un vínculo siniestro, y de pronto muchas

            piezas encajaron en su cabeza.


                  «Siempre lo he querido muerto.»



                  Alejandro  no  tenía  por  qué  haber  cabalgado  con

            tanta premura hasta Macedonia para encontrar a los

            envenenadores de Babilonia. Se hallaban mucho más


            cerca de él.


                  —Estamos solos, Pérdicas —dijo Roxana, con una

            sonrisa lasciva—. Hacía mucho tiempo que no ocurría

            eso. Salvo en mis sueños.



                  —Sí,  solos  más  las  doscientas  personas  que  debe

            haber en esta tienda.


                  —Podemos ser silenciosos —dijo ella, abrazándole


            por la cintura y arqueando sus caderas para pegarlas a

            las de Pérdicas. Por primera vez desde que la conocía,

            eso no le excitó.


                  —Todo  se  oye  a  través  de  las  paredes  de  tela,


            Roxana.  Por  ejemplo,  lo  que  le  estabas  diciendo  al

            médico. ¿Cómo has sabido lo suyo con la siracusana?


                  Ella  seguía  frotándose  y  ronroneando.  Pero


            Pérdicas nunca se había sentido tan frío en su vida. Sus

            manos y sus pies  estaban helados, su corazón era la

            esencia del hielo.



                  —Tu sobrino vino a contármelo. Un muchacho muy

            apuesto y servicial...


                                                              764
   759   760   761   762   763   764   765   766   767   768   769