Page 763 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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hace mucho tiempo. De hecho, siempre lo he querido
muerto. Ahora que está tan débil no pienso dejar que
salga vivo. Esta misma noche se volverá a hundir en su
sopor y ya no saldrá de él, ¿me entiendes?
—No lo haré.
—Entonces Alejandro sabrá lo que has hecho con
esa putilla pelirroja, y serás tú quien muera. —Si ha de
ser así... —dijo Néstor, tragando saliva.
—¡Vaya, Roxana! ¿A ti también te gusta el médico?
Cuánto éxito tiene entre las esposas de Alejandro.
La bactria se apartó de Néstor, pero muy despacio,
no con la presteza de una mujer que se siente
sorprendida y culpable. Pérdicas apartó las tiras de
cuero de la cortina y pasó al pequeño reservado. Néstor
se dio cuenta de que el macedonio tenía los hombros
caídos, y también las comisuras de la boca. No le hizo
falta preguntarle para comprender lo que había
pasado.
—Lárgate, médico —dijo Pérdicas—. Sigue
atendiendo a tu rey. Espero que sepas cuidarlo mejor
que a su hermana.
La injusticia del comentario era lacerante, pero
Néstor prefirió agachar la cabeza y salió de allí.
Acababa de comprender que entre aquellas dos
personas a las que jamás habría relacionado en su
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