Page 757 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—También comerás queso de cabra curado y regado

            con aceite de oliva —prosiguió Néstor—.


                  Mollejas  de  vaca,  avellanas  y  nueces,  yemas  de


            huevo.  Anguila,  sésamo...  He  hecho  una  lista,  y  yo

            mismo vigilaré tu dieta. Te advierto que habrá cosas


            menos  agradables,  como  hígado  crudo  de  oca  y  de

            pato.  También  he  localizado  a  un  comerciante  de

            Masalia llamado Piteas, y le he comprado una buena


            provisión de aceite de hígado de bacalao y huevas de

            esturión.  ¡Ah!  Y  nada  de  vino.  Néstor  calculaba  que

            una cantidad moderada no le haría daño a Alejandro,


            pero conociéndole pensó que era mejor prohibírselo de

            forma radical. Tampoco le dijo que si seguía demasiado

            tiempo esa dieta le podía matar. Pero había que ir paso


            a  paso.  Primero  poner  un  parche  a  la  enfermedad

            actual, y luego ocuparse de las venideras.


                  —¿Has  visto  a  mi  hermana?  —preguntó


            Alejandro—.  No  se  encuentra  bien  desde  hace  días.

            Néstor chasqueó la lengua.


                  —Las noticias no son buenas.


                  A  Alejandro  se  le  cambió  el  gesto.  Siempre  había


            tenido debilidad por su hermana. —Ha perdido mucha

            sangre estos días —continuó Néstor—. Le he dado un

            medicamento  para  detener  la  hemorragia,  pero  está


            muy débil y tiene mucha fiebre. Sospecho que el feto

            ha muerto en su interior, pero el aborto no se ha llegado


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