Page 768 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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JUEGOS FÚNEBRES


                  El  certamen  de  esgrima  empezó  el  7  de

            hiperbereteo.  Aunque  no  estaba  previsto,  fue


            acompañado  de  más  pruebas:  lucha,  pugilato  y

            pancracio,  carreras  pedestres  y  de  carros,  e  incluso


            concursos de heraldos y trompeteros, pues los últimos

            acontecimientos habían convertido la competición en

            una ceremonia funeraria. Alejandro no recayó esta vez


            en las extravagancias del duelo por Hefestión. No hubo

            pirámides en llamas, el rey no ordenó pintar de negro

            las paredes de Babilonia, ni tampoco guardó ayuno ni


            se revolcó en cenizas. Estaban en guerra. El enemigo no

            iba  a  tener  la  delicadeza  de  esperar  más  tiempo  por

            respetar su dolor.


                  La muerte de Crátero había provocado conmoción


            y  temor  en  el  ejército.  Sí,  tenían  a  Alejandro;  pero

            aunque  ahora  lo  veían  pasear  por  el  campamento,


            aparentemente sano, a los soldados no había quien les

            quitara de la cabeza que su rey estaba enfermo.


                  —Mal  asunto  —decían  los  más  veteranos,


            moviendo  la  barbilla  con  aire  de  entendidos—.  Con

            Alejandro  enfermo  y  Crátero  muerto,  las  cañas  se

            pueden volver lanzas y las lanzas cañas.


                  Alejandro  había  decretado  que  los  juegos  se


            celebrasen también por Cleopatra. Si bien era desusado

            conceder  tanto  honor  a  una  mujer,  resultaba  difícil


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