Page 770 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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El  día  de  la  muerte  de  Roxana,  Oxibaces  había

            irrumpido en la tienda de Alejandro. Cuando supo que


            el  asesino  había  sido  Pérdicas,  el  bactrio  se  había

            empeñado en que él mismo debía vengar a su hermana,

            aduciendo el derecho de sangre.



                  —Ese derecho de sangre me pertenece ahora a mí,

            Oxibaces. Recuerda que tu padre me entregó a Roxana.

            Yo soy ahora su padre y sus hermanos —le contestó


            Alejandro con frialdad, —¡Si hubieras sido su padre y

            sus hermanos habrías sabido protegerla mejor!


                  A  Lisanias  le  pareció  una  acusación  mezquina  e

            injusta. En el momento en que Pérdicas estrangulaba a


            Roxana, Alejandro aún estaba en la cama, enfermo. ¿Y

            quién  podría  haber  previsto  que  el  jefe  de  los


            Compañeros  asesinara  a  su  propia  cuñada?  Pero

            Alejandro  no  se  alteró  por  las  palabras  del  joven

            bactrio.



                  —El rey de reyes no da explicación de sus actos a

            nadie, Oxibaces. No obstante, si quieres venir a mi casa,

            mañana escucharemos a Pérdicas.


                  —¿Qué hay que escuchar? ¡Es un monstruo! ¿Qué


            motivo tenía para matar a mi hermana? —Eso es lo que

            quiero averiguar, mi querido Oxibaces.


                  De modo que ahora estaban allí reunidos Alejandro,


            Peucestas,  Lisanias,  Néstor,  Eumenes  y  Oxibaces.




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