Page 790 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 790

–No entiendo —dijo Demetrio.


                  —Meleagro ya no se atreverá a hacer nada contra

            vosotros             —respondió                  Alejandro,               mirando              a


            Demetrio—.  Tu  hermano  es  demasiado  valioso  para

            arriesgarlo. Os instalaré con los demás científicos de la


            expedición.  —Y  volviéndose  de  nuevo  a  Euctemón

            añadió—: Tan sólo tendrás que aguantar a Dicearco.


                  —Yo  soy  de  los  Agriopaides  —respondió

            Euctemón,  mirando al  suelo.  Pero enseguida levantó


            los ojos y los fijó en el rostro del rey el tiempo suficiente

            para decir—: Quiero luchar al lado de mis camaradas.


                  No,  no,  por  favor,  otra  de  las  suyas  no,  suplicó


            Demetrio a cualquier deidad que le quisiera escuchar.


                  —¡Bravo por el Loco! —gritó un oficial de fila.


                  Los demás Agriopaides aclamaron a Euctemón, le

            rodearon, le palmearon la espalda y le revolvieron el


            pelo.  Él  lo  aguantó  todo  con  los  ojos  clavados  en  el

            suelo, salvo por alguna mirada fugaz a Gorgo.


                  El  rey  se  quedó  pensativo  un  instante  y  después

            asintió.



                  —No sé qué extraños impulsos te han poseído hoy,

            hijo de Urania, pero tal vez sean un buen presagio para

            el futuro de todos. Lucha con tus camaradas, ya que así


            lo deseas. Y ni también, Demetrio.


                  Dicho esto con aire magnánimo, Alejandro volvió


                                                              790
   785   786   787   788   789   790   791   792   793   794   795