Page 801 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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bárbaros tatuajes y estaba compitiendo con Meleagro

            para ver quién se emborrachaba más. Bastareo, jefe de


            los agrianos; considerando que sus hombres eran los

            más feroces del ejército, era un hombre casi pacífico, un

            hombretón de cabellos rojos y piel quemada por el sol.


            También había venido Ombrión, jefe de los arqueros

            cretenses, veterano de Asia; un hombre menudo y casi


            esmirriado, muy popular entre las cortesanas merced a

            un miembro digno de Príapo. Hablando de cretenses,

            había  aparecido  hasta  Nearco,  que  llevaba  tiempo


            perdido en no se sabía qué misiones para Alejandro y

            que seguramente no participaría en la batalla. Areo, el

            rey espartano, vestido con su capa roja y rodeado por


            sus  guardias,  se  mantenía  un  poco  apartado  de  los

            demás, como si no  quisiera mancharse de sangre no

            doria.



                  El sol empezaba a teñir de carmesí los faldones de

            la  tienda.  Los  oficiales  estaban  nerviosos  y  cada  vez

            más  ebrios.  La  batalla  inminente  centraba  todas  las


            conversaciones, pero Pérdicas sólo era capaz de captar

            retazos. Alguien decía que los romanos tenían miedo.


            Otro  lo  negaba  y  aseguraba  que  eran  los  propios

            soldados  macedonios  quienes  estaban  asustados.

            Mañana los romanos también rehusarían dar batalla.


            No, mañana la aceptarían, seguro. Alejandro debería

            haber aprovechado que el día anterior los romanos aún




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