Page 798 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Dos pajes habían traído órdenes escritas a Leónato, y

            luego el propio Peucestas había acudido a hablar con


            él.


                  —¡Formad  de  a  cuatro,  boquerones!  —les  dijo  el

            capitán—. Hoy toca practicar la maniobra de retroceso.


                  –¡Eso  es  muy  fácil,  capitán!  —saltó  Cérdidas—.


            ¡Ponme una pompeyana desnuda detrás y verás qué

            bien retrocedo!


                  Hubo que esperar a que los graciosos del batallón

            hicieran sus chistes, en los que incluyeron referencias a


            todo  tipo  de  movimientos  hacia  atrás  o  desde  atrás.

            Pero  después  practicaron  a  conciencia.  «Es  por  si


            acaso»,  les  dijo  el  capitán,  y  muchos,  como  Cíclope,

            pensaron que Alejandro veía la situación mucho más

            negra de lo que sus mandos querían confesarles. Pero


            la maniobra en sí era útil, pues una formación cerrada

            de hoplitas nunca sufría un porcentaje abrumador de


            bajas  mientras  mantuviera  compactas  las  filas;  los

            auténticos  desastres  se  producían  sólo  cuando  había

            una huida en desbandada o el enemigo conseguía el


            sueño de todo general, una maniobra envolvente, como

            había  ocurrido  en  Maratón  casi  por  azar  cuando  los

            atenienses aplastaron a los invasores persas.


                  Resultaba extraño practicar en filas de cuatro, pues


            normalmente  se  desplegaban  con  filas  de  ocho  o

            dieciséis  en  fondo.  Pero  así  era  mucho  más  sencillo


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