Page 82 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—No va a ser muy maniobrable —había objetado

            Agatocles cuando estaban a punto de botar la  Anfítrite.


                  —Cierto  —le  respondió  Aristóbulo—.  Pero  no  se


            trata  de  una  trirreme  diseñada  para  embestir  con  el

            espolón.  Es  una  fortaleza  flotante  armada  con


            máquinas de asedio, y a la vez un buque de transporte.


                  —Con ese tamaño será vulnerable a los ataques de

            otros  barcos  más  pequeños.  —Para  eso  están  sus

            catapultas y la flota de escolta. Te aseguro que ninguna


            nave  enemiga  se  acercará  a  la  Anfitrite  —insistió  el

            ingeniero.


                  Ahora la Anfitrite navegaba hacia el noroeste como


            una  gran  bestia  marina,  una  gigantesca  ballena

            rodeada por sus crías. Clea miró hacia estribor. A más

            de trescientos codos de ellos, guardando una distancia


            respetuosa,  marchaban  las  panzudas  naves  de

            transporte  que  llevaban  caballos,  provisiones  y  más


            soldados para Alejandro. Aún más allá, en el exterior

            del  círculo,  viajaban  las  naves  de  guerra,  cinco

            quinquerremes  y  diez  trirremes  por  cada  lado,


            embarcaciones que no llegaban ni a la tercera parte de

            la eslora de la Anfítrite. Cuando el mar estaba en calma

            usaban  sus  remos  como  grandes  ciempiés  acuáticos,


            pero desde que zarparon de Siracusa dos días antes el

            viento había sido favorable y apenas habían tenido que

            recurrir a ellos. Hoy el mar estaba algo levantado, con



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