Page 87 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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bonita de todas. ¿Para qué iba a pasarme al enemigo?
Esta vez fue ella quien se encogió de hombros.
—La gente hace cosas muy raras.
—Soy médico. Lo sé.
Clea soltó una carcajada. Siendo como era hija de
Agatocles, la gente no solía hablarle así, y menos aún
desde que se había convertido en esposa de Alejandro.
Le divertía.
—Si no eres espía, ¿por qué apuntas tantos datos?
—insistió.
—Por curiosidad. Este barco es una maravilla de la
ingeniería, aunque con una eslora tan larga no estoy
muy convencido de que no acabe partiéndose entre dos
olas como una barra de pan duro. Si apunto las cosas
es porque me fío más de esto —dio un par de golpecitos
en el cuadernillo con el cálamo— que de esto otro —
concluyó señalándose la propia cabeza—. Dice Platón
que la escritura es falsa sabiduría, pero prefiero esa
falsa sabiduría a confiar tan sólo en mi memoria. —
¿Tienes muchas cosas anotadas?
—Bastantes —respondió él—. Guardo más
cuadernillos como éste. En tu isla he apuntado muchas
cosas. —Volvió a pasar hojas hasta llegar al principio—
. «A la larga, la ceniza del Etna es beneficiosa sobre el
terreno. Las raíces y los frutos que produce una tierra
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