Page 887 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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legiones: todos habían perecido. La muerte más heroica

            había sido la de Torcuato Imperioso, que a sus ochenta


            años había conseguido quebrar con sus manos la sarisa

            que lo había atravesado y había matado a su propio

            asesino de una estocada.



                  También  habían  caído  casi  todos  los  tribunos  y

            centuriones,  combatiendo  en  primera  fila  con  sus

            hombres. Llegada la hora de negociar, lo más parecido


            a una autoridad que pudo encontrar Alejandro fue a

            Gayo  Julio  César.  De  los  cinco  tribunos  que  habían

            sobrevivido, era el que más ascendiente tenía sobre los


            demás y el que mejor hablaba griego. Que siguiera con

            vida era un milagro, pues Mirmidón estaba a punto de

            degollarlo cuando apareció aquel portento en el cielo.


            Pero, al fin y al cabo, también era un milagro que se

            hubiesen  salvado  los  diecisiete  mil  prisioneros  que


            ahora, comprendía Alejandro, eran una buena moneda

            de cambio para negociar.


                  —¿Qué  tal  es  Gayo  Julio?  —le  preguntó  el  rey  a


            Néstor.


                  —Ambicioso y orgulloso, pero inteligente.


                  —Eso  último  es  importante.  Me  harán  falta

            hombres inteligentes para entenderme con Roma. Por

            su parte, el ejército de Alejandro había perdido a casi


            tres  mil  hombres.  Mil  de  aquellas  bajas  se  habían

            producido entre los soldados que habían contenido el


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