Page 883 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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de él, batiéndose contra los mercenarios griegos junto
a la primera fila de astados, pensó que era mejor pensar
en sobrevivir como romanos. Puso los hombros de lado
y retrocedió entre los legionarios para reunirse con
Bubulco y convencerle de que había que romper el
cerco por algún sitio para escapar y reorganizarse lejos
de allí.
Mientras avanzaba a duras penas, vio a los jinetes
macedonios abrirse paso entre las cabezas de los
legionarios como bestias mitológicas. Aquel guerrero
tocado con un yelmo de león tenía que ser Alejandro, y
ese caballo negro que bien podría haber tirado de la
cuádriga infernal de Plutón no podía ser otro que el
célebre Amauro. Rodeado por sus Compañeros, el rey
macedonio se dirigía hacia el estandarte. Gayo trató de
apresurarse y salvar al menos la enseña de la Segunda,
pero enseguida se dio cuenta de que era un empeño
imposible. Alejandro llegó junto a Bubulco, le hendió
la cabeza de un tajo y levantó el águila de oro sobre la
cabeza de su caballo.
Bien, se dijo, si no podía ser tan grande como
Alejandro al menos podía intentar ser el romano que
mató a Alejandro. Gayo ordenó a los hombres de su
alrededor que le siguieran y cargó contra los
macedonios para recuperar el estandarte. Pero no
habían avanzado apenas unos pasos cuando un jinete
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