Page 885 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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intentaron seguirla quedaron cegados durante un rato.
Después, cuando la luz desapareció hacia el noroeste,
se oyó un violento estampido, un trueno de tal
magnitud que hizo retemblar toda la llanura de
Campania. Hubo muchos a los que les reventaron los
oídos, y algunos quedaron sordos de por vida.
Después hubo un momento de estremecido silencio.
Alejandro oyó una voz a su izquierda y se volvió en esa
dirección. Montado en una mula, Néstor trotaba hacia
él abriéndose paso entre la infantería tracia, agitando
su sombrero en el aire y gritando algo que no llegaba a
entender. Por fin, el zumbido le dejó distinguir sus
palabras.
—¡Tienes que detener esto, Alejandro! ¡Detenlo!
—Sí, es una señal —murmuró el rey, y dio orden de
que cesara la matanza.
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