Page 122 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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pero el grito mutó hasta morir en un estertor espectral.
La figura ante Isaac y Derkhan temblaba y se rascaba el
estómago. La carne colgaba fofa, como la de un escolar
seboso. La piel era pálida, cubierta de manchas producto del
frío y la enfermedad. La mirada de Isaac recorrió todo el
cuerpo con desmayo. Extraños nudos surgían de los
deformes dedos de los pies: las garras arrancadas por los
niños. La cabeza estaba envuelta en plumas, pero estas eran
de todas las formas y tamaños y surgían al azar de la corona
y el cuello en una capa gruesa, irregular, insultante. Los ojos
que observaban miopes a Isaac y a Derkhan eran humanos, y
luchaban por abrir unos párpados incrustados de reuma y
pus. El pico era grande y manchado, como el peltre viejo.
Tras la criatura se estiraba un par de alas sucias y
hediondas. La envergadura total no superaba el metro
ochenta. Mientras Isaac observaba, se abrieron tímidas, se
sacudieron y comenzaron a agitarse espasmódicas. Pequeñas
muestras mucosas caían de ellas en su temblor.
El pico de la criatura se abrió y, bajo él, Isaac acertó a
divisar unos labios formando las palabras, así como unas
fosas nasales sobre ellos. El pico no era más que un tosco
disfraz pegado en su sitio, como una máscara de gas.
—Dejad que os hable del tiempo en el que surcaba los
cielos en busca de mi presa —comenzó el patético
homarrache, pero Isaac dio un paso al frente y alzó una mano
para cortarlo.
— ¡Por los dioses, basta ya! —gritó—. Ahórranos esta...
vergüenza.
El falso garuda dio un paso atrás, parpadeando temeroso.
Se produjo un largo silencio.
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