Page 124 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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—Genial —maldijo Isaac en voz baja.
Derkhan se había acercado a los barrotes.
— ¿Qué hiciste? —preguntó.
—Robo —respondió el otro con rapidez—. Me pescaron
tratando de hacerme con un viejo cuadro de un garuda de una
vieja mierdera en Chnum. Valía una fortuna. El magistrado
dijo que, como estaba tan impresionado con los garuda,
podría... —aguantó la respiración un instante—, podría
convertirme en uno.
Isaac pudo ver que las plumas del rostro estaban clavadas
de forma desapiadada a la piel, sin duda atadas de forma
subcutánea para que el quitarlas fuera agónico. Imaginó la
tortura de la inserción, una por una. Cuando el rehecho se
volvió lentamente hacia Derkhan, Isaac pudo ver el feo cuajo
de carne endurecida de la espalda, donde las alas, arrancadas
a algún águila ratonera o un buitre, habían sido selladas a los
músculos humanos.
Las terminaciones nerviosas se habían unido inútilmente
de forma aleatoria, y las alas solo se movían con los
espasmos de una muerte largamente aplazada. Isaac arrugó
la nariz ante el hedor. Las alas se descomponían poco a poco
en la espalda del rehecho.
— ¿Te duelen? —preguntó Derkhan.
— Ya no demasiado, señorita —respondió la criatura—.
De todos modos, tengo suerte de tener esto. —Señaló la
tienda y los barrotes—. Me da de comer. Por eso me sentiría
más que agradecido si no le dijeran al jefe que me han
descubierto.
¿Habrán aceptado de verdad esta asquerosa charada la
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