Page 123 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 123
— ¿Qué pasa, jefe? —susurró al fin el ser tras los
barrotes—. ¿Qué he hecho mal?
—Vine aquí a ver a un puto garuda —rugió Isaac—. ¿Por
quién me tomas? Eres un rehecho, amigo... como puede ver
cualquier idiota.
El gran pico muerto se cerró cuando el hombre se
humedeció los labios. Sus ojos miraron nerviosos a izquierda
y a derecha.
—Por Jabber, compadre —susurró suplicante—. No
presenten quejas. Esto es todo cuanto tengo. Es evidente que
es usted un caballero educado. Yo soy lo más cercano a un
garuda que casi todos verán nunca... No quieren más que oír
un poco sobre la caza en el desierto, ver al pájaro, y yo me
gano así la vida.
—Por el esputo divino, Isaac —susurró Derkhan—.
Déjalo en paz.
Isaac estaba hundido por la decepción. Ya tenía preparada
una lista de preguntas. Sabía exactamente cómo quería
investigar las alas, cuya interacción entre músculo y hueso
era lo que le intrigaba en aquellos momentos. Había estado
preparado para pagar una buena suma por la documentación,
había pensado en traer a Ged para que le hiciera algunas
preguntas sobre la Biblioteca del Cymek. Le deprimía
enfrentarse en vez de ello a un humano asustado y enfermizo
que leía un guión indigno del más infecto teatrillo.
Su furia se vio templada por la lástima cuando se fijó en la
figura miserable frente a él. El hombre detrás de las plumas
se cogía el brazo izquierdo con el derecho. Tenía que abrir el
falso pico para poder respirar.
122

