Page 121 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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criptociencia.
Dejaron el museo. A su derecha esperaba Anglerina, Reina
del Mar Más Profundo; a su izquierda, el hombre cacto más
viejo de Bas-Lag.
—Me estoy deprimiendo —anunció Derkhan.
Isaac asintió.
—Encontremos al Jefe Pájaro del Desierto Salvaje cuanto
antes, y que les den. Te compraré algodón dulce.
Se movieron entre las filas de deformes y obesos, de
grotescamente hirsutos, de enanos. Isaac señaló de repente
sobre ellos el cartel que acababa de divisar.
« ¡EL REY GARUDA! ¡SEÑOR DE LOS CIELOS!».
Derkhan tiró de la pesada cortina. Intercambiaron miradas
y entraron.
— ¡Ah! ¡Visitantes de la extraña ciudad! ¡Vengan,
siéntense a oír historias del cruel desierto! ¡Quédense un rato
con un viajero de muy, muy lejos!
La voz quejumbrosa surgía de las sombras. Isaac trató de
ver a través de los barrotes y divisó una oscura y desordenada
figura que se erguía a duras penas, aguardando en las
tinieblas del fondo de la tienda.
— Soy el jefe de mi pueblo, y vine a ver la Nueva
Crobuzon de la que había oído hablar.
La voz era doliente y cansina, aguda y cruda, pero no
emitía ninguno de los sonidos alienígenos de la garganta de
Yagharek. La criatura abandonó la oscuridad. Isaac abrió los
ojos boquiabierto para proclamar su triunfo y su maravilla,
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