Page 131 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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dedaleras y rosas salvajes que habían horadado tenaces el

            balasto y doblaban los raíles aquí y allá. Los árboles de hoja

            perenne asaltaban a los nerviosos invasores hasta rodearlos

            y los encerraban en su exuberante trampa.

                Llegaban  con  sacos,  con  catapultas,  con  grandes  redes.

            Introducían  sus  tardas  carcasas  urbanas  en  el  laberinto  de

            raíces  retorcidas  y  sombras  vegetales  impenetrables,

            gritando, tropezando, partiendo ramas. Trataban de localizar

            el canto del pájaro que los desorientaban al resonar desde

            todas partes. Realizaban burdas e inútiles analogías entre la
            ciudad y aquel reino alienígeno: «Si eres capaz de orientarte

            en  la  Perrera»,  decía  uno  tan  fatuo  como  equivocado,

            «podrás hacerlo en cualquier otra parte». Giraban, tratando

            sin conseguirlo de localizar la torre de la milicia en la Colina

            Vaudois, oculta tras el follaje.

                Algunos no regresaban.


                La  mayoría  volvía  enfadada,  con  las  manos  vacías,

            rascándose las ampollas, los picotazos, los arañazos. Más les
            valía haber estado cazando fantasmas.


                En ocasiones triunfaban, ahogando con un tosco lienzo y

            un coro de ridículo entusiasmo a un ruiseñor frenético, o a

            un pinzón del Bosque Turbio. Los avispones enterraban sus

            arpones en sus torturadores mientras eran encarcelados en

            frascos. Si tenían suerte, sus captores recordaban practicar
            algunos orificios en las tapas.


                Muchos  pájaros  y  aún  más  insectos  morían.  Algunos

            sobrevivían para ser llevados a la lóbrega ciudad, más allá de

            los árboles.

                En la propia urbe, los niños trepaban por las paredes para

            robar huevos en nidos fabricados entre la podredumbre. Los


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