Page 134 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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La oficina era pequeña y cuadrada, con ventanas pequeñas
de vidrio ahumado que ofrecían vistas del Griss Bajo y los
arcos de la línea férrea Sur. Una de las paredes quedaba
oscurecida por la amenazadora masa oscura del edificio
principal del Parlamento. En aquel paramento se abría una
diminuta portezuela corredera. En una esquina, en precario
equilibrio, había una pila de cajas.
La pequeña estancia era una de las cámaras que
sobresalían del edificio principal, muy por encima de la
ciudad circundante. Las aguas del Gran Alquitrán discurrían
quince metros más abajo.
El repartidor descargó los paquetes y las cajas del carrito
frente al caballero pálido, de mediana edad, sentado frente a
él.
—Hoy no hay demasiadas, señor —murmuró, frotándose
los huesos doloridos. Lentamente se dio la vuelta por donde
había venido, arrastrando el carro a su espalda.
El secretario examinó los paquetes mientras tomaba
breves notas en su máquina de escribir. Realizaba entradas
en un enorme libro mayor etiquetado «ADQUISICIONES»,
hojeando las páginas entre secciones y registrando la fecha
antes de cada objeto. Abrió los paquetes y anotó los
contenidos en la lista diaria mecanografiada del libro.
Informes de la milicia: 17. Nudillos humanos: 3.
Heliotipos (incriminatorios): 5.
Comprobó el departamento de destino de cada elemento
de la colección, separándolos en montones. Cuando una pila
era lo bastante grande, la depositaba en una caja y la llevaba
junto a la portezuela de la pared. Se trataba de un cuadrado
de menos de metro y medio de lado que siseaba con el ruido
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