Page 132 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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ciempiés, las cresas y los capullos, que guardaban en cajas
de cerillas para cambiarlos por cordel o chocolate, cobraban
de repente valor monetario.
Había accidentes. Una chica que perseguía a la paloma de
carreras de su vecino se precipitó desde un tejado y se rompió
la cabeza. Un anciano en busca de gusanos fue aguijoneado
por abejas hasta sufrir un paro cardiaco.
Se robaban tanto pájaros raros como otras criaturas
voladoras. Algunos escapaban. Nuevos depredadores y
presas no tardaron en unirse al ecosistema de los cielos de
Nueva Crobuzon.
Lemuel era bueno en su trabajo. Algunos se habrían
limitado a tocar las profundidades: él no. El se aseguró de
que los deseos de Isaac llegaran hasta las afueras: Gidd, Cuña
del Cancro, Mafatón y la Letrina, Prado del Señor y el
Cuervo.
Oficinistas y médicos, abogados y consejeros,
terratenientes y hombres y mujeres del placer... hasta la
milicia: Lemuel había tratado a menudo (normalmente de
forma indirecta) con la ciudadanía respetable de Nueva
Crobuzon. Las principales diferencias entre ellos y los
moradores más desesperados de la ciudad, en su experiencia,
estaban en la escala de dinero que les interesaba y en la
capacidad para ser descubiertos.
Desde los vestíbulos y los comedores se oían cautos
murmullos interesados.
En el corazón del Parlamento tenía lugar un debate sobre
la presión fiscal al comercio. El alcalde Rudgutter se sentaba
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