Page 133 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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regio sobre su trono, asintiendo a su ministro, Montjohn
Rescue, que bramaba en defensa del partido del Sol Grueso,
señalando amenazador con el dedo en la enorme cámara
abovedada. Rescue se detenía de forma periódica para
arreglarse la gruesa bufanda que llevaba alrededor del cuello,
a pesar del calor.
Los consejeros dormitaban en silencio en una bruma de
motas de polvo.
En el resto del edificio, en los intrincados corredores y
pasillos que parecían diseñados para confundir, secretarias y
mensajeros uniformados revoloteaban agobiados en sus
quehaceres. Pequeños túneles y escaleras de mármol
pulimentado se abrían desde las galerías principales. Muchos
de ellos estaban mal iluminados y no se los frecuentaba a
menudo. Un anciano empujaba un decrépito carrito por uno
de tales corredores.
Cuando el bullicio de la entrada principal del Parlamento
comenzó a remitir a su espalda, tiró del carrito para subir
unas empinadas escaleras. El espacio era tan angosto que
apenas cabía su vehículo, y tardó largos e incómodos
minutos en alcanzar el desembarco. Se detuvo un instante
para limpiarse el sudor de la frente y la boca antes de
continuar su penoso bregar por el suelo ascendente.
Frente a él, un rayo de sol que trataba de doblar un recodo
iluminaba el aire. Se sumergió en él y la luz y el calor se
derramaron sobre su rostro. La iluminación procedía de una
claraboya y de las ventanas del despacho sin puertas que se
encontraba al final del pasillo.
—Buenos días, señor —croó el viejo al llegar a la entrada.
—Buenos días —replicó el hombre detrás del escritorio.
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