Page 141 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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grandes puertas hacia las que se dirigía. Ella le enseñó su

            acreditación de seguridad y el cacto se hizo a un lado para

            dejar que la mujer le precediera.

                Los dos recorrieron con cuidado un pasillo tan blanco y

            espartano como la habitación de la que procedían, con una

            gran parrilla de hierro al final. El cacto vio que su colega se

            movía con pies de plomo, así que se adelantó e introdujo una

            tarjeta de programas en la ranura de la pared. El portón se

            deslizó a un lado.

                Entraron en una vasta cámara oscura.


                El techo y las paredes estaban lo bastante lejos como para
            ser  invisibles.  Extraños  lamentos  y  gemidos  procedían,

            distantes,  de  todos  lados.  A  medida  que  sus  ojos  se

            adaptaban, vieron en las paredes jaulas de madera oscura,

            hierro o vidrio reforzado, que cubrían a intervalos irregulares

            la  enorme  sala.  Algunas  eran  gigantescas,  del  tamaño  de

            habitaciones,  mientras  que  otras  no  eran  mayores  que  un

            libro.  Todas  estaban  elevadas,  como  las  vitrinas  de  un
            museo,  con  tablas  y  libros  de  información  frente  a  ellas.

            Científicos  uniformados  de  blanco  recorrían  el  laberinto

            entre  los  bloques  de  cristal  como  espectros  en  una  ruina,

            tomando notas, observando, pacificando y atormentando a

            los moradores de las jaulas.


                Los  cautivos  sorbían,  gruñían,  cantaban  y  se  agitaban
            irreales en sus lóbregas prisiones.


                El cacto se alejó deprisa en la distancia hasta desaparecer.

            La mujer que transportaba los gusanos seguía avanzando con

            sumo cuidado.

                Al pasar por las jaulas, las cosas trataban de rozarla, de

            alcanzarla, lo que le hizo temblar como el vidrio. Algo se


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