Page 144 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 144
De una esquina de la jaula le llegó un golpe pesado, como
el de dos gruesas alfombras golpeadas la una contra la otra.
Su respiración se aceleró y depositó con torpeza los gusanos
en la bandeja. Los cuatro pequeños seres ondulantes cayeron
sobre el metal en una lluvia de trozos de papel.
De inmediato, algo cambió en la calidad del aire. Los
ciempiés podían oler al morador de la jaula, y le gritaban
pidiendo ayuda.
La cosa respondió.
Aquellos sonidos no eran audibles, y vibraban en
longitudes de onda ajenas al sonar. La doctora sintió el vello
de todo el cuerpo erizarse cuando el fantasma de aquellas
emociones atravesó su cerebro, como rumores apenas
audibles. Retazos de gozo alienígeno y terror inhumano
acudieron sinestéticos a sus fosas nasales, sus oídos y el
fondo de sus ojos.
Con dedos trémulos, devolvió la bandeja a la jaula.
Cuando se alejaba de los barrotes, algo le rozó la pierna
con un ademán lascivo. La mujer emitió un gruñido
lastimero de miedo y apartó el pantalón. Atenazada por el
espanto, resistió el instinto de mirar tras ella.
A través de los espejos vislumbró los miembros oscuros
desenroscándose en la tosca vegetación, los dientes
amarillentos, los negros pozos oculares. Los helechos y
matorrales crujieron y el ser desapareció.
La mujer golpeó la puerta con brusquedad mientras
tragaba saliva, aguantando la respiración hasta que le
abrieron y prácticamente se echó en brazos del guardia.
Desató las correas bajo su cabeza y se liberó del yelmo. Alejó
143

