Page 143 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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los espejos. Los giró sobre sus articulaciones, de modo que

            pudiera ver claramente a su espalda. Cambio el foco de un

            ojo a otro, comprobando la visibilidad.

                Asintió.


                —Muy bien, ya estoy lista —dijo, mientras recogía la caja
            y  la  desataba.  Contempló  los  espejos  mientras  el  guardia

            cerraba  la  puerta  a  su  espalda.  Cuando  abrió,  desvió  la

            mirada del interior.


                La científica empleó los espejos para entrar rápidamente

            hacia atrás en la sala oscura.




                Ya estaba sudando cuando la puerta se cerró frente a su
            cara. Cambió la atención de nuevo a los espejos, moviendo

            lentamente la cabeza a un lado y a otro para contemplar lo

            que había a su espalda.


                Detectó una enorme jaula de gruesos barrotes negros que
            ocupaba casi todo el espacio. Bajo la luz parda oscura del


            aceite  ardiente  y  las  velas  podía  distinguir  la  inconexa  y
            moribunda vegetación, los pequeños árboles que llenaban la

            jaula. La espesa flora que se corrompía lentamente, unida a

            la oscuridad, le impedía ver el otro extremo de la estancia.


                Revisó rápidamente los espejos. Todo estaba en calma.

                Dio  unos  rápidos  pasos  hacia  atrás,  acercándose  a  una

            pequeña bandeja que se deslizaba adentro y afuera entre los

            barrotes. Extendió la mano a su espalda e inclinó la cabeza

            de modo que los espejos apuntaran hacia abajo. Pudo ver su
            mano buscando a tientas. Se trataba de una maniobra difícil

            y poco elegante, pero consiguió capturar el asa y atraer la

            bandeja hacia sí.




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