Page 147 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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— ¿Le gusta probar drogas, señorita Lin?
Lin le había dicho al señor Motley que le era difícil hablar
mientras trabajaba. El le había informado afable que se
aburría cuando posaba para ella, o para cualquier otro retrato.
No tenía por qué responderle, le había dicho. Si algo que él
comentara le interesaba de verdad, podía guardarlo para
discutirlo después, al final de la sesión. No debía preocuparse
por él, le había asegurado. No podía quedarse quieto durante
dos, tres, cuatro horas, sin decir nada. Eso lo volvería loco,
de modo que Lin escuchaba cuanto decía e intentaba recordar
uno o dos comentarios para después. Tenía mucho cuidado
de que el señor Motley estuviera contento con ella.
—Debería hacerlo. En realidad, estoy seguro de que ya lo
ha hecho. Artistas como usted, que se sumergen en las
profundidades de la psique... Esas cosas.
Ella oyó la sonrisa en su voz.
Lin lo había persuadido para que le dejara trabajar en el
ático de su base en el Barrio Oseo. Había descubierto que era
el único lugar con luz natural de todo el edificio. No eran
solo los pintores y los heliotipistas los que necesitaban luz:
la textura de las superficies que evocaba tan asiduamente en
sus glándulas era invisible bajo la luz de las velas, y se
exageraba con las lámparas de gas. Así que le había insistido
nerviosa hasta que él aceptó la propuesta. Desde entonces era
recibida en la puerta por el ayudante cacto y conducida al
piso superior, donde una escalera de madera colgaba de una
trampilla en el techo.
Llegaba y se marchaba del ático sola. Siempre encontraba
al señor Motley esperándola, muy cerca del lugar por donde
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