Page 153 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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gran cena el día del fallo y enviaban a alguien a traerles uno

            de  los  primeros  ejemplares  de  la  Gaceta de Salacus,  que

            patrocinaba  la  competición,  para  ver  quién  había  ganado.

            Después  se  emborrachaban  y  denunciaban  a  los
            organizadores por ser unos bufones sin sensibilidad.


                A  Isaac  le  sorprendería  que  no  tomara  parte,  y  decidió

            hablarle  de  una  obra  monumental,  algo  que  le  impidiese

            hacer preguntas durante un tiempo.

                Por supuesto,  reflexionó,  si lo del garuda sigue en

            marcha, ni se dará cuenta de si participo o no.


                Sus pensamientos tenían un deje amargo, y comprendió
            que no era justa. Ella era dada a la misma clase de obsesión:

            le costaba no ver a todas horas, por el rabillo del ojo, la forma

            monstruosa del señor Motley. Simplemente habían tenido la

            mala  suerte  de  obsesionarse  al  mismo  tiempo,  pensó.  Su

            trabajo la consumía. Quería llegar a casa todas las noches y

            encontrarse ensalada de frutas frescas, entradas para el teatro

            y sexo.

                En vez de ello, él trabajaba ávido en su taller y ella se

            encontraba con una cama vacía en Galantina, una noche tras

            otra. Se veían una o dos veces por semana, para cenar juntos

            y compartir un sueño profundo y poco romántico.

                Alzó  la  mirada  y  comprobó  que  las  sombras  se  habían

            movido desde que llegara al ático. Se sentía confusa. Con las

            delicadas patas de la cabeza se limpió la boca, los ojos y las

            antenas en rápidas pasadas. Masticó la que decidió que sería

            la última carga de bayas rosas. Las mezclaba con cuidado,

            añadiendo una baya perlada inmadura o una amarilla casi
            fermentada.  Sabía  exactamente  qué  sabor  buscaba:  el

            amargor enfermizo, empalagoso de color salmón grisáceo y



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