Page 154 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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vivido, aquel del músculo de la pantorrilla del señor Motley.
Tragó y exprimió a través de sus mandíbulas el jugo, que
acabó rezumando por los lados resplandecientes del esputo
khepri, que ya comenzaba a secarse. Era demasiado líquido,
por lo que se derramó y goteó al emerger. Lin trabajó el tono
del músculo con trazos abstractos y lagrimosos, un apaño
para intentar arreglar el error.
Cuando el esputo se hubo secado, se retiró. Sintió la
tensión de la mucosa pegajosa, y el chasquido al apartar la
cabeza de la pierna medio terminada. Se inclinó a un lado, se
tensó y expulsó la pasta restante por la glándula. El vientre
de su cuerpo superior abandonó su forma distendida y adoptó
unas dimensiones más normales. Un grueso grumo blanco de
esputo goteó de la cabeza y cayó hasta el suelo. Lin extendió
la punta de la glándula y la limpió con sus patas traseras y
cerró después con cuidado la pequeña carcasa protectora
bajo las puntas de las alas.
Se incorporó y estiró. Los amistosos, fríos y peligrosos
comentarios del señor Motley cesaron de forma abrupta. No
se había dado cuenta de que había terminado.
— ¿Ya, señorita Lin? —lloró con fingida decepción.
Pierdo la concentración si no tengo cuidado, señaló ella.
Exige un enorme esfuerzo. Tengo que parar.
—Por supuesto —respondió el señor Motley—. ¿Cómo va
la obra maestra?
Los dos se giraron al tiempo.
Lin se alegró al comprobar que su arreglo espontáneo del
jugo aguado había creado un efecto vivido y sugerente. No
era totalmente natural, pero no lo era ninguna de sus obras;
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