Page 158 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Una paloma colgaba cruciforme de un aspa de madera
sobre el escritorio de Isaac. Bamboleaba frenética la cabeza
de un lado a otro, pero, a pesar de su terror, no podía más que
emitir un patético arrullo.
Tenías las alas fijadas con pequeñas puntas clavadas en los
espacios entre las plumas extendidas, y dobladas hacia
arriba. Las patas estaban atadas a la parte inferior de la
pequeña cruz. La madera estaba manchada con el blanco y el
gris del guano. El animal se agitaba y trataba de liberar las
alas, pero estaba bien sujeto.
Isaac se acercó a él con una lupa y un bolígrafo.
—Deja de joder, maldito bicho —musitó, pinchando el
hombro con la punta del bolígrafo. Observó a través de la
lente los temblores infinitesimales que recorrían los
diminutos huesos y músculos. Sin mirar, realizó unas
anotaciones en un papel a su lado.
— ¡Oye!
Isaac alzó la cabeza ante la irritada llamada de Lublamai,
y se levantó de la silla. Se acercó al borde de la barandilla y
miró abajo.
— ¿Qué?
Lublamai y David se encontraban allí, hombro con
hombro, con los brazos cruzados. Parecían un pequeño coro
a punto de comenzar a cantar. Su expresión era ceñuda. El
silencio se prolongó unos segundos.
—Mira —comenzó Lublamai, con voz de repente
aplacadora—. Isaac... Siempre hemos estado de acuerdo en
que en este lugar podemos desarrollar las investigaciones
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