Page 159 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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que queramos, sin hacer preguntas. En que nos ayudaremos
los unos a los otros, y todo eso. ¿No es así?
Isaac lanzó un suspiro y se frotó los ojos con el pulgar y el
índice de la mano izquierda.
—Por Jabber, chicos, no juguemos a los viejos soldados—
dijo con un gruñido—. No tenéis que decirme por lo que he
pasado, y vosotros igual. Sé que estáis hasta los cojones, y
no puedo culparos si...
—Apesta, Isaac —soltó claramente David—. Y tenemos
que padecer el coro del amanecer todos los minutos del día.
Mientras Lublamai hablaba, el viejo constructo se acercó
inseguro a su espalda. Se detuvo, rotó la cabeza y apuntó con
sus lentes a los dos hombres. Titubeó un instante antes de
plegar los brazos de metal en una torpe imitación de sus
posturas.
Isaac le hizo un gesto.
— ¡Mirad, mirad lo que hace esa estúpida máquina! ¡Tiene
un virus! Más os valdría que lo desmontaran o se organizará
solo, y tendréis discusiones existenciales con vuestro
amiguito mecánico hasta la muerte.
—Isaac, cabrón, no cambies de tema —replicó David
irritado, propinando un empellón al constructo, que cayó al
suelo—. Todos tenemos algo de cuerda en lo tocante a
molestias, pero te has pasado.
— ¡Muy bien! —Isaac lanzó los brazos al aire y miró
lentamente a su alrededor—. Supongo que infravaloré las
capacidades de Lemuel para realizar su trabajo —dijo,
arrepentido.
Toda la plataforma, que circunscribía el almacén, estaba
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