Page 252 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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provocó un dolor de cabeza.

                Aquello era absurdo. No tenía la sensación de pérdida de

            tiempo.  Lo  recordaba  todo  con  claridad.  Más  bien  al

            contrario, su memoria inmediata parecía amplificada. Tenía

            una sensación lúcida de haberse sacudido, de haber sudado y

            gemido bajo la influencia de la mierda onírica durante media

            hora,  no  más.  Pero  allí  estaba...  Se  aventuró  a  abrir  los

            párpados para mirar el reloj. Eran las siete y media de la

            mañana,  horas  y  horas  después  de  que  consiguiera  llegar

            hasta la cama.

                Se incorporó sobre los codos y se examinó. La piel oscura

            estaba resbaladiza, grisácea. Le hedía el aliento. Comprendió

            que debía de haber estado tumbado, prácticamente quieto,

            durante toda la noche. Las mantas apenas estaban alteradas.

                El  temeroso  trino  que  lo  había  despertado  comenzó  de

            nuevo. Isaac sacudió la cabeza irritado y buscó su fuente. Un

            pequeño pájaro trazaba círculos desesperados en el aire, en

            el  interior  del  almacén.  Lo  reconoció  como  uno  de  los
            reluctantes  fugados  de  la  noche  pasada,  un  reyezuelo,

            evidentemente  asustado  por  algo.  Mientras  miraba  a  su

            alrededor para descubrir qué ponía tan nervioso al pájaro, el

            esbelto cuerpo reptiliano de un aspis voló como una saeta

            desde una esquina de la pasarela a la otra y apresó al pequeño

            pájaro a su paso. Las advertencias del reyezuelo se cortaron

            de forma abrupta.

                Isaac se tambaleó con torpeza fuera de la cama y trazó

            círculos confusos.


                —Notas —se dijo—. Tomar notas.

                Buscó  papel  y  lápiz  de  su  mesa  y  comenzó  a  registrar

            todos sus recuerdos sobre la mierda onírica.


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