Page 303 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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de limpieza, portando una caja de herramientas. Lublamai lo
había encendido aquella mañana y le había programado
instrucciones para que fregara su zona de estudio, aunque
había sido un intento inútil. El constructo había estado
petardeando en círculos durante veinte minutos antes de
pararse, inclinado contra la pared. Allí seguía, tres horas
después, emitiendo infelices chasquidos con los tres
miembros sacudiéndose espasmódicos.
El técnico se acercó al artilugio, musitando y cloqueando
como un padre preocupado. Tanteó los miembros del
constructo, sacó una leontina del bolsillo y cronometró el
tiempo entre las sacudidas. Anotó algo en una libreta y giró
al autómata de limpieza para encararlo con él, mirando luego
por uno de sus iris de cristal. Movió un lápiz lentamente de
un lado a otro, observando la respuesta del motor sensorial.
Isaac vigilaba de reojo al reparador, aunque su atención no
dejaba de dirigirse hacia arriba, donde le esperaba Yagharek.
Este asunto de la Torsión no puede esperar, pensó nervioso.
— ¿Qué tal va? —gritó impaciente al técnico.
El hombre estaba abriendo su caja para sacar un gran
destornillador. Levantó la vista.
—No hay problema —dijo meneando alegre el
destornillador. Devolvió la vista al constructo y lo apagó con
el interruptor detrás del cuello. Los crujidos angustiados
murieron en un agradecido susurro. El hombre comenzó a
destornillar el panel tras la «cabeza» del artefacto, una áspera
pieza de metal gris coronando el cuerpo cilíndrico.
—Muy bien —respondió Isaac, corriendo escaleras arriba.
Yagharek estaba en pie junto a la mesa, lejos de la vista de
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