Page 307 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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—dijo con tono neutro—. Lo que estás mirando, al menos
hasta donde se ha podido determinar, descendía de una cabra
doméstica. Al parecer las usaban como mascotas en Suroch.
Esto, por supuesto, podría ser una segunda, décima, vigésima
generación tras la Torsión, evidentemente. No sabemos
cuánto viven.
Yagharek contempló el cadáver del heliotipo.
—Tuvieron que dispararle, explica el texto —siguió
Isaac—. Mató a dos de la milicia. Intentaron realizarle una
autopsia, pero esos cuernos del estómago no estaban
muertos, aunque el resto sí lo estuviera. Respondieron al
ataque y casi acabaron con el biólogo. ¿Ves el caparazón?
Parece que fue muy difícil abrir ahí. —Yagharek asintió
lentamente—. Pasa la página, Yag. Sobre la siguiente, nadie
tiene la menor idea de lo que era antes. Podría haber sido
generado de forma espontánea por la explosión de Torsión,
pero creo que esos engranajes de ahí descienden de los
motores de un tren —dio unos suaves golpecitos a las
páginas—. Lo... eh... lo mejor aún está por llegar. No has
visto ni el árbol cucaracha, ni los rebaños de lo que parece
que una vez fueron humanos.
Yagharek era meticuloso. Pasaba cada una de las páginas
y veía las imágenes furtivas robadas desde detrás de los
muros, o las vertiginosas tomas aéreas. Un lento
caleidoscopio de mutación y violencia, guerras patéticas
libradas entre monstruosidades incognoscibles por una tierra
de nadie de escoria cambiante y arquitectura de pesadilla.
—Había veinte soldados, Sacramundi el heliotipista y tres
científicos, además de un par de ingenieros que no salieron
de la nave. Siete soldados, Sacramundi y una de las químicas
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