Page 304 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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la planta baja. Miró a Isaac cuando este regresó.
—No es nada —le dijo en voz queda—. Alguien que ha
venido a arreglar nuestro constructo, que ha reventado. Lo
que no sé es si podrá oírnos.
Yagharek abrió la boca para responder, pero en ese
momento un delgado y discordante silbido llegó desde abajo.
El pico de Yagharek se mantuvo abierto unos instantes, con
expresión estúpida.
—Parece que no tenemos de qué preocuparnos —dijo
Isaac, sonriendo. Lo está haciendo a propósito, pensó, para
hacernos saber que no está escuchando. Qué educado.
Inclinó la cabeza en invisible agradecimiento al técnico.
Su mente regresó entonces al asunto que los ocupaba, la
sugerente tentativa de Yagharek, y su sonrisa se desvaneció.
Se sentó con pesadez en la cama, se pasó la mano por el
cabello espeso y miró a su cliente.
— ¿Nunca te sientas, Yag? —dijo en bajo—. ¿Y eso?
Tamborileó con los dedos contra la sien y pensó unos
instantes antes de hablar.
—Yag, viejo... Ya me has impresionado antes con tu...
sorprendente biblioteca. Quiero decirte dos nombres, para
ver si significan algo para ti. ¿Qué sabes de Suroch, o de la
Mancha Cacotópica?
Se produjo un largo silencio. Yagharek miraba
ligeramente hacia arriba, a través de la ventana.
— La Mancha Cacotópica la conozco, por supuesto. Es lo
que se oye siempre que se habla de la Torsión. Quizá sea un
hombre del saco. —Isaac no era capaz de distinguir estados
de ánimo en la voz de Yagharek, pero sus palabras eran
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