Page 299 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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asegurando (sin reconocer su propia y limitada experiencia)
que la droga no era más que un poderoso oneirógeno que
estimulaba los centros oníricos del cerebro, igual que el té-
plus estimulaba los córtex visual y olfativo.
No creía en lo que decía. No le sorprendía la vehemente
oposición hacia su teoría.
—No sé cómo, Isaac —le había siseado Brote en los
Muslos con reverencia—, pero te deja compartir sueños... —
Ante aquel comentario, los demás adictos arracimados en un
pequeño reservado del Reloj y el Gallito asintieron al
unísono, de forma cómica. Isaac adoptó una expresión
escéptica para mantener su papel de incrédulo. Por supuesto,
en realidad estaba de acuerdo. Pretendía descubrir más sobre
aquella extraordinaria sustancia. Tendría que hablar con
Lemuel Pigeon, o con Lucky Gazid, si es que alguna vez
reaparecía; pero el ritmo de su trabajo sobre la teoría de crisis
lo consumía. Su actitud hacia la mierda onírica que había
dado al gusano seguía siendo de curiosidad, nerviosismo e
ignorancia.
Se encontraba mirando incómodo a la vasta criatura un
cálido día de finales de Melero. Decidió que era algo más
que prodigioso. Sin duda, se trataba de un monstruo, y lo
maldecía por ser tan interesante. De otro modo habría podido
olvidarse de él.
La puerta a su espalda se abrió y Yagharek apareció bajo
los rayos del primer sol. Era raro, muy raro, que el garuda se
presentara antes del anochecer. Isaac se puso en pie,
llamando a su cliente para que subiera.
— ¡Yag, viejo! ¡Cuánto tiempo! Estaba a la deriva, y te
necesito para anclarme. Ven aquí arriba.
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