Page 308 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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lograron salir de Suroch. Algunos sufrieron heridas por la

            Torsión. Para cuando llegaron a Nueva Crobuzon, uno de los

            de la milicia había muerto. Otro tenía tentáculos con pinchos

            allá donde debían estar los ojos, y trozos del cuerpo de la
            científica desaparecían todas las noches. No había sangre, ni

            dolor, solo... suaves oquedades en el abdomen, o en el brazo,

            o donde fuera. Se suicidó.


                Isaac recordó la primera vez que oyó la anécdota, contada

            por  un  heterodoxo  profesor  de  Historia.  Isaac  había

            investigado,  siguiendo  el  rastro  de  notas  al  pie  y  viejos
            periódicos.  La  Historia  se  había  olvidado,  transmutada  en

            chantaje  emocional  para  los  niños:  «Sé  bueno  o  te

            mandaremos a Suroch, donde están los monstruos». Tardó

            un año y medio en ver una copia del ejemplar de Sacramundi,

            y otros tres antes de poder pagar el precio que le pedían por

            ella.

                Creyó  reconocer  algunos  de  los  pensamientos  que

            brillaban casi invisibles bajo la piel impasible de Yagharek.

            Eran las idas que todo estudiante heterodoxo había tenido

            alguna vez.

                —Yag —dijo Isaac con suavidad—, no vamos a utilizar la

            Torsión. Podrías pensar «Aún usamos martillos, y hay quien

            muere  por  su  culpa».  ¿Es  así?  ¿Eh?  «Los  ríos  pueden

            desbordarse y matar a miles, pero también mover turbinas

            hidráulicas  ».  ¿Sí?  Confía  en  mí:  te  habla  uno  que  en  su

            tiempo  pensaba  que  la  Torsión  era  terriblemente

            emocionante. No es una herramienta. No es un martillo, ni es
            como el agua. Es... la Torsión es poder renegado. No estamos

            hablando de energía de crisis, ¿sabes?


                Sácate eso de la cabeza. La crisis es la energía que subyace



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